Así nació el Conservatorio

Clase de violín y chelo en el Conservatorio de Música de Murcia, en una imagen tomada esta semana. /Vicente Vicéns / AGM
Clase de violín y chelo en el Conservatorio de Música de Murcia, en una imagen tomada esta semana. / Vicente Vicéns / AGM

Jara Carrillo impulsó la idea y el senador Isidoro de la Cierva fue el político que más se esforzó por que el centro de música y declamación fuese una realidad

PEDRO SOLERMURCIA

«Sabemos todos que Murcia es un vergel de artistas; pero este vergel está sin cultivo alguno. Si una flor perfuma y refresca nuestra corona de gloria, es flor espontánea, lozana planta que sobresale a pesar de la sequía, de ambiente seco, de las inclemencias del erial. Y a pesar de todas estas cosas, Murcia no es de las capitales españolas que figuran en los últimos lugares en cuanto a su vivero de artistas. Pero es preciso cuidar el vergel; es necesario preparar la semilla y cultivar el terreno, en la seguridad de que tendremos ópimos frutos, ubérrimas cosechas (...). En Murcia hace falta un Conservatorio, lo mismo que lo tienen otras provincias».

Esto se leía en 'El Liberal' el 23 de mayo de 1917, firmado por Plácido Roger de Larra, pseudónimo que utilizaba Pedro Jara Carrillo, director del citado periódico. Era la primera vez que pedía la movilización de la sociedad murciana para conseguir el Conservatorio de Música y Declamación de Murcia. Añadía que, «si Murcia tuviera un Conservatorio, seguramente nuestra provincia sería una de las primeras en la producción de artistas de todos los géneros». Se consiguió el Conservatorio, aunque hubo que luchar mucho, en Murcia y en Madrid, para que fuese una realidad. Ahora se cumple un siglo de su creación. Por estos cien años de historia y por una labor eficaz y constante, será una de las entidades que, el 9 de junio, reciba la Medalla de Oro de la Región de Murcia.

Emilio Díez de Revenga, primer director del Conservatorio; Isidoro de la Cierva, senador por Murcia; Pedro Jara Carrillo, director de 'El Liberal'; Mariano Benlliure, escultor y director general de Bellas Artes; Tomás Bretón Hernández, director del Conservatorio de Madrid; y José Martínez Ruiz, Azorín, subsecretario de Instrucción Pública.
Emilio Díez de Revenga, primer director del Conservatorio; Isidoro de la Cierva, senador por Murcia; Pedro Jara Carrillo, director de 'El Liberal'; Mariano Benlliure, escultor y director general de Bellas Artes; Tomás Bretón Hernández, director del Conservatorio de Madrid; y José Martínez Ruiz, Azorín, subsecretario de Instrucción Pública.

Jara señalaba al senador Isidoro de la Cierva como responsable, a altos niveles, de conseguir ese centro. Dos días después, 'El Liberal' publicaba una carta del senador, en la que recordaba el entusiasmo que había provocado la obtención de la Universidad, y defendía la creación del Conservatorio, pero también reclamaba como algo imprescindible que los niños y adultos se aficionasen al aprendizaje de la música en las escuelas. Al mismo tiempo, pedía que no echase sobre sus hombros toda la responsabilidad de lograr la creación del centro, porque «aún siendo grande mi voluntad, me falta tiempo para tanto como sobre mí pesa». Solicitaba la cooperación de la Sociedad Económica de Amigos del País, del Círculo de Bellas Artes, del Casino y de otros centros de cultura.

Con el paso de los años, fue alcanzando nuevas metas, como que los estudios realizados obtuviesen validez académica para favorecer a los alumnos de posición modesta

Una semana después, 'El Liberal' volvía a ocuparse del tema y ya ofrecía «noticias halagüeñas», como una pronta reunión con personalidades implicadas, y la recepción de estatutos que se habían solicitado a conservatorios y escuelas de declamación, para conocer cómo funcionaban. El actor murciano José Calvo, en un extensísimo artículo, mostraba a primeros de junio su apoyo al futuro Conservatorio, porque «contamos con suficiente número de maestros competentísimos, sin tener que salir de nuestro terruño». Y citaba a Pablo López, Barrena, Gascón, Verdú, Puig, Benavente, Espada, Massotti, Martí, Ramírez, Muñoz Pedrera, Gamuz, Alarcón, Moreno Pretel, Mora, Sanz, Canales, Agüera, Jover, Salas, Puche..., «y tantos otros que harían la lista interminable». Calvo incluso ya insinuaba el local donde podría instalarse el Conservatorio: las Escuelas Graduadas, de la Plaza de Santo Domingo -allí se instalaría, efectivamente, en su momento-, y citaba los instrumentos imprescindibles, de los que debiera disponer, en principio, el futuro centro: dos pianos, violín, contrabajo, armonio, lo indispensable en obras de texto y bibliografía musical... En otro artículo, pedía el nombre de Alfonso X el Sabio para el futuro centro, ya que «fue él quien antes que nadie dio en nuestra patria la nota oficial de una Escuela de Música».

Desde Águilas

También desde Águilas llegaba una carta de Francisco Díaz Romero -«murciano de corazón, al mismo tiempo que de nacimiento»- en pro de la implantación del conservatorio. El periódico 'El Tiempo' también se involucraba en el tema, por lo que informaba ampliamente de la reunión que se había celebrado el 24 de junio, en el Círculo de Bellas Artes, bajo la presidencia de Isidoro de la Cierva, y con la presencia de destacadas personalidades y representantes de los medios informativos de la capital. De la Cierva afirmó que «si Murcia quiere un Conservatorio, lo tendrá, como ha tenido su Universidad y cuantas otras mejoras se han conseguido». Se formó una comisión, presidida, desde luego, por Isidoro de la Cierva, en la que se integraron Emilio Díez de Revenga como vicepresidente; José María Hilla, tesorero; Jara Carrillo, secretario; como vocales, Vicente Llovera, Remigio García Gil, José Clemares y Pérez Marín. Tres días después, 'El Liberal' informaba de las gestiones de Isidoro de la Cierva ante el Jefe del Negociado de Bellas Artes del ministerio de Instrucción Pública, de quien consiguió «muy favorables impresiones».

Alumnas de declamación del Conservatorio, en 1922.
Alumnas de declamación del Conservatorio, en 1922.

La comisión organizadora había celebrado varias reuniones para redactar el reglamento del proyectado centro, aprobado en otra reunión del 8 de agosto, que «sentaba definitivamente las bases de la institución que promete días gloriosos para esta región». También se procedió al nombramiento de profesorado, requisito previo a la puesta en marcha del Conservatorio. Los nombrados entonces fueron: Ángel Larrosa y Pedro Muñoz Pedrera, profesores de solfeo; Antonio Puig y Beatriz Martínez Arroyo, de piano; Antonio Puche y Mariano Sanz, de violín y viola; Emilio Ramírez, de armonía; Manuel Massotti, de canto; Enrique Martí, de Historia de la Música y formas musicales; Pedro Jara Carrillo, de declamación; Emilio Díez de Revenga, vicepresidente en funciones. Este sería el encargado de redactar las instancias oficiales para presentar a las corporaciones implicadas, «a fin de que el conservatorio pueda comenzar su funcionamiento en octubre próximo». Esto no pudo ser, aunque, como escribía 'El Liberal', «están todos los requisitos cumplidos por parte de las entidades murcianas, y la documentación completa en el ministerio correspondiente, en donde don Isidoro de la Cierva entregó todo personalmente». 'El Liberal' añadía que, si hubiese pedido el conservatorio «cualquier pueblo de Cataluña, claro es que ya lo tendría concedido; pero es Murcia y acaso Rodés [ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes] no sepa que existe esta desventurada capital, si no se le hace saber con el dedo puesto en el mapa». Cuando 1917 concluía, Isidoro de la Cierva informaba de su insistencia ante José Martínez Ruiz, Azorín, entonces subsecretario de Instrucción Pública, porque se solucionase el problema.

Estudiantes del conservatorio de Murcia tocando en la calle en marzo de 1998.
Estudiantes del conservatorio de Murcia tocando en la calle en marzo de 1998. / Guillermo Carrión

La inicial situación de optimismo se estaba convirtiendo en alarmante pesadumbre, porque, pese a que todos los trámites necesarios habían cumplido las debidas legalidades, «aún no hemos tenido la satisfacción de que esos señores del centralismo absorbente se dignen dictar la disposición requerida y a la cual tenemos un perfectísimo derecho», escribía 'El Liberal', a mediados de febrero de 1918.

Habría que esperar a junio para que el ministro de Instrucción Pública remitiera a Jara Carrillo un escrito, en el que quedaba claro «que ha cumplido lo ofrecido sobre nuestro Conservatorio». Comunicaba que el Claustro del Conservatorio de Madrid había aprobado el informe relativo al Conservatorio de Murcia. Pero aún faltaba la firma de Mariano Benlliure, entonces director general de Bellas Artes, para que el tema pasase, de modo definitivo, al Consejo de Instrucción Pública. Hubo que esperar hasta el 26 de septiembre, para que se hiciera pública la real orden por la que se concedía a Murcia un Conservatorio de Grado Elemental, incorporado al Real Conservatorio de Madrid, en el que los estudios elementales de solfeo, violín y piano tendrían validez académica. También podría impartir, pero sin validez, estudios superiores de piano y violín y enseñanza de canto, armonía, declamación e Historia de la Música.

Círculo de Bellas Artes

El 8 de octubre se reunía en el Círculo de Bellas Artes de Murcia la Junta Organizadora del Conservatorio -presidida por Isidoro de la Cierva-, para dar lectura a la Real Orden y a una carta de Benlliure, en la que afirmaba que «entre las poquísimas satisfacciones que me proporciona este alto cargo, quizá la mayor sea la de haber firmado la incorporación al estado del Real Conservatorio de Música y Declamación de la hermosa tierra del gran escultor Salzillo y de mi querido y eminente letrado, señor De la Cierva». El centro murciano se denominaría Conservatorio Provincial de Música y Declamación de Murcia. Al margen de estas y otras cuestiones, la Junta Organizadora acordó instalar la sede del Conservatorio en el piso principal de las escuelas graduadas de Santo Domingo. El cuerpo docente quedó integrado por el profesorado que la Junta había propuesto, anteriormente. La matricula -a partir del día 20- quedó establecida en veinte pesetas por asignatura y curso, pagaderas en dos plazos, más otras cinco, por derecho de examen de cada asignatura. Poco después, la Junta también acordó admitir lo que luego se llamarían 'estudiantes libres', que podrían realizar sus estudios sin necesidad de asistir obligatoriamente a las clases. Las clases comenzaron, por fin, el 9 de diciembre, en el remodelado local en la Plaza de Santo Domingo, que «ha quedado muy bien instalado».

Joaquín Palomares dirige a la Orquesta Clásica Ciudad de Murcia durante un ensayo en el Conservatorio de Murcia.
Joaquín Palomares dirige a la Orquesta Clásica Ciudad de Murcia durante un ensayo en el Conservatorio de Murcia. / Martínez BUESO

Llegado el día de la inauguración oficial del Conservatorio -5 de enero de 1919-, lo que para 'El Liberal' había sido un canto a la esperanza y al esfuerzo, o una crítica feroz al presunto favoritismo de Benlliure y la presunta inactividad de Bretón, se transformó en una loa de alabanza, salida de la pluma de Luis Díez Guirao de Revenga hacia el escultor y al músico, «dos espíritu cumbres, que irradian sobre España el resplandor meridiano de sus aspiraciones, las divinas lumbres de sus genios, las estupendas creaciones de sus artes, inigualadas por supremamente bellas (...)». También 'El Liberal' se autosatisfacía, lógicamente, de lo conseguido «con la natural modestia, pero con legítimo orgullo»; y ensalzaba la labor de Juan e Isidoro de la Cierva, quienes «llenos de celo por el mejoramiento de la región, tomaron la empresa a su cuidado especial, hasta conseguir remontarla a cima victoriosa».

Poco después de la inauguración oficial, surgió la ocasión de celebrar, de modo más restringido, la creación el Conservatorio. Fue en una comida íntima celebrada el 19 de enero en el Hotel Amat. En ella, los integrantes del Claustro de profesores deseaban agradecer a Emilio Díaz de Revenga y a Isidoro de la Cierva «la brillante gestión llevada a feliz término por estas altas personalidades murcianas»; tampoco se olvidaba «al popular periódico 'El Liberal' y a su director, el inspirado poeta y notabilísimo literato, Pedro Jara Carrillo, por la campaña que, desde la iniciativa de la idea ha venido sosteniendo».

Con el paso de los años, el Conservatorio fue alcanzando nuevas metas, como, por ejemplo, que los estudios realizados obtuviesen validez académica para favorecer a los alumnos de posición modesta, que, posiblemente, verían interrumpida su carrera, al no disponer de medios económicos, para seguir cursándola en Madrid. El 21 de mayo de 1926, el centro murciano ya disponía de estudios superiores, decisión recién aprobada en Consejo de Ministros. Los informes del rector de la Universidad y las memorias de cada curso dejaban patente el «gran aprovechamiento de los numerosos alumnos». Desde su fundación, el Conservatorio fue, y sigue siendo, un hermoso patrimonio para Murcia.

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