Bocanadas de vida en 94 fotografías

Murcia, 30/09/2017. Manifestación de la Plataforma Pro Soterramiento, a su paso por la plaza Martínez Tornel de Murcia./Gloria Nicolás.
Murcia, 30/09/2017. Manifestación de la Plataforma Pro Soterramiento, a su paso por la plaza Martínez Tornel de Murcia. / Gloria Nicolás.

Los testimonios gráficos exhibidos son fragmentos de un tiempo pasado, quizás una versión incompleta de la desbordante realidad, pero conforman un relato preciso de esta era frenética que nos ha tocado vivir. La vorágine de la actualidad no ha podido con un colectivo de profesionales que mantiene inalterable su compromiso con la representación del acontecer

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

Los informadores gráficos de la Región de Murcia no permanecen mudos ante el dolor ni la alegría. Parece imposible silenciar el resuello -este caso impactantes bocanadas de vida- de estos profesionales en 2017, un año de turbulencias que empezó con atmósfera de cuento. La nieve anulando el azul del litoral y humedeciendo estas tierras de sol y angustia, como las describió el poeta Francisco Sánchez Bautista, era solo un engañoso anticipo. La vorágine de la actualidad no puede con un colectivo que, pese a la inestabilidad en el panorama de la comunicación, mantiene inalterable un compromiso con la representación más exacta del acontecer diario.

El trabajo realizado este año por Abel F. Ros, Alfonso Durán, Carlos Trenor, Felipe G. Pagán, Gloria Nicolás, José M. Cerezo, José F. Moreno, Marcial Guillén, Nacho García, Pablo Sánchez del Valle, Pedro Martínez, Pilar Morales y Vicente Vicéns es la demostración excelsa de una labor necesaria, más que nunca. Un relato que es la forma más certera y bella de demostrar la vigencia de un gremio que, más allá de los vaivenes y del azar inherente a la práctica, continúa reivindicando de forma exquisita su función social. Un año asomados a lo cotidiano y, como escribió Susan Sontag, empecinados con las máquinas en el registro de lo real.

Lugar
Archivo Regional. Murcia.
Hasta cuándo:
Hasta el 9 de marzo. Lunes y martes (de 8.30 a 20 horas), y miércoles, jueves y viernes (de 8.30 a 14.30 horas).
Entrada
gratuita.

Los testimonios recogidos en esta exposición de 94 instantáneas que se puede ver en el Archivo Regional de Murcia hasta el 9 de marzo son fragmentos de un tiempo ya superado, quizás una versión incompleta de la desbordante realidad, pero en conjunto conforman un relato preciso de esta era frenética que nos ha tocado vivir. Las fotografías no sirven solo como vanos recuerdos; su valor va más allá, perdiéndose en el horizonte, si imaginamos que gracias a ellas somos espectadores en primera línea de mundos, solo en apariencia, lejanos. Pero nos concernían a todos. Estaban ahí mismo, delante de nosotros. Lo que vemos es nuestra historia. Solo hemos tenido que asomarnos a la calle como lugar de encuentro. Gracias a la mirada selectiva de los reporteros ahora comprendemos con más detalle todo lo que estaba sucediendo.

Brazos en alto

Hemos vuelto a ver brazos en alto para defender el soterramiento, una de las palabras del 2017 en España, y en medio de la 'tronaera' incluso ardieron las vías (y la confianza); atestiguamos cómo la Guardia Civil agachaba la cabeza en las puertas de los desahuciados; nos hemos asombrado poniendo rostro a las colas de la necesidad en Jesús Abandonado y con la existencia de «cárceles encubiertas», como Convivir sin Racismo denomina a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE); hemos gritado «sin odio, sin miedo, refugiados bienvenidos»; hemos lamentado, como tantas veces, las muertes en la carretera; hemos exigido decencia en lo público y el destierro de la corrupción como práctica de gobierno; hemos aplaudido la novedad y hemos condenado el machismo («el problema de las mentes cerradas es que tienen las bocas abiertas»); quisimos ver como una sopa apetitosa el Mar Menor cuando, en realidad, seguía sin ponerse el remedio definitivo al desatino; escapamos a la estrepitosa caída del gigante centenario de Santo Domingo, el mismo que teníamos por símbolo de lo consistente; hemos confundido a los rescatados en el mar con despreocupados cruceristas y hemos celebrado, como si fuera un arcoíris, la «euforia de género».

El espectro de lo noticiable es rico en variedades. Víctor Manuel besando con ternura desconocida la calva viajada de Pablo Milanés en La Mar de Músicas; los Reyes volviendo a estos lares para aferrarse a las manos amigas de Caravaca de la Cruz, en su relumbrante Año Jubilar; los aficionados del Real Murcia, circunspectos y ensimismados; los socialistas y su felicidad coyuntural en torno a Diego Conesa; las tensiones en el Gobierno local de Cartagena; la mirada examinadora (inerte hoy) del fiscal general del Estado, José Manuel Maza, al confiar en los puños de santo de Díaz Manzanera; la humillación a ese novillero vendido en La Caverina (Calasparra) y la pose escultórica de Rafaelillo celebrando la rendición de un corniabierto; el coraje sudado de Alejandro Valverde y Nico Almagro; el pompis salitroso del último nudista de La Llana; la furia del mar y su dañino descontrol; las rosas vivas sobre los ataúdes; el goteo de la sangre derramada sin sentido; la sensibilidad de un Díaz Burgos bajo los efectos hipnóticos del Caribe; la sublimidad de Dalí con los ojos (y las manos maestras) de Kobra; la cómplice comicidad de Ariel Rot y Alejo Stivel; las luces y las sombras de los aristócratas del cante jondo en La Unión y la serenidad de la primera mujer de la Patrulla Águila.

No quiere ser marioneta

Este año intensísimo nos deja pequeños y grandes momentos, escenas a las que habrá que volver para interpretar la crónica de una Región que parece eternamente en construcción. La crisis en el Gobierno regional, con la alternancia forzosa en San Esteban tras la ineludible salida de Pedro Antonio Sánchez cercado por la Justicia (casos 'Auditorio' y 'Púnica'), queda para los anales. Fueron meses agónicos. Parecía que iba a acabarse la tinta de los periódicos. Acabó yéndose de la escena pública repudiando la estrategia del «todo vale» en medio de una maraña de acusaciones por presuntos delitos de prevaricación, cohecho, fraude y revelación de información. El continuador de su labor resultó ser Fernando López Miras, el presidente autonómico más joven de España, un lorquino de 33 años licenciado en Derecho y exsecretario de Nuevas Generaciones del Partido Popular que anunció que no va a ser «la marioneta de nadie».

A vueltas con las vías

Las protestas por la integración de la alta velocidad en Murcia marcaron la agenda durante meses, especialmente a la vuelta del verano, con movilizaciones diarias. La abuela del soterramiento, Ana Jiménez Meseguer, con su silleta plegable parada ante las máquinas, acabó haciéndose un hueco, como el hombre del tanque de Tiananmen, en la narración gráfica de un año de agitación en los barrios del sur de Murcia. Un estallido social que tuvo su momento álgido en la multitudinaria manifestación del 30 de septiembre, con más de 50.000 voces reclamando la eliminación de las barreras que dividen la ciudad. Joaquín Contreras, portavoz de la Plataforma, incansable y reiterativo, parecía lograr esta vez que el mensaje tuviera eco en Madrid y Bruselas obligando a atornillar unos compromisos que tantas veces han quedado dispersos.

Una nevada de cuento

Las costas de la Región recibieron en masa a esos vagabundos del mar llegados en patera, con o sin pasaporte, y de las más variopintas nacionalidades. Millares de personas en oleadas, huyendo de las lacras más vergonzosas (la guerra, el hambre, la venganza), pusieron de manifiesto las consecuencias de la crisis humanitaria global y la incapacidad de las administraciones para coordinarse a veces adecuadamente.

Frente a la adversidad, los fotógrafos se han comportado como justos campeadores de una de las artes más importantes. Aquel día blanco de enero, con una nevada condenada a las efemérides, fue un premio generoso y así, con todo su júbilo, fue recibido por los murcianos: habilidosos, esforzados, pacientes, amantes del bien vivir.

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