La Verdad

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El más célebre. El beso el día de la Victoria, en Times Square, Nueva York, de Alfred Eisenstaedt.

Iconos contemporáneos

  • La foto de la pareja que celebra el fin de la guerra en Times Square trasciende su valor artístico

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Dice la inmortal canción de Luis Amstrong que un beso no es más que un beso; pero parece ser que no... Los besos se guardan en el corazón, en el alma, y cómo no, en la memoria.

La famosa imagen de Alfred Eisenstaedt de un marinero besando a una enfermera en Times Square el 14 de agosto de 1945, durante la celebración por el final de la Segunda Guerra Mundial, es un buen ejemplo. Y aunque él no escribió nada al pie de la foto cuando la publicó, es curioso que haya dado lugar a ríos de tinta escritos por otros. Y entre otras cosas, para hablar de sus protagonistas.

Durante años, se especuló con la identidad del marinero y la enfermera. Lois Gibson, una artista forense del Departamento de Policía de Houston, afirmó en 2006 haber determinado de manera concluyente que el marinero en la fotografía era Glenn McDuffie, natural de Carolina del Norte. «Estaba saliendo del metro en Times Square y, desde lo alto de las escaleras, una enfermera me dijo que se sentía muy feliz por mí. Le pregunté '¿Por qué?' y ella me dijo: 'La guerra ha terminado, podrás volver a tu casa'. Me emocioné mucho porque mi hermano era prisionero de guerra de los japoneses, entonces salté y tomé a la enfermera en mis brazos...».

Sin embargo, y según Sewell Chan, las afirmaciones de Gibson probablemente no resolverán el asunto, que ya viene de mucho atrás. Así, en 1980, la revista 'Life' contaba hasta once hombres -sin incluir a McDuffie- como posibles candidatos para ser el auténtico marinero de la foto; y para el año 1995, tres mujeres habían dado un paso adelante para identificarse a sí mismas como la enfermera besada. De las tres, Edith Shain, una maestra de jardín de infancia de Beverly Hills, parecía ser la aspirante con más posibilidades. En 1980, incluso le escribió una carta a Eisenstaedt y este voló a California para fotografiarla para 'Life'. Pero no hay una seguridad completa de que fuera ella.

Otros protagonistas

Para otros, los protagonistas fueron la enfermera Greta Zimmer Friedman y el marinero George Mendoça. «De repente, me agarró un marinero. No fue tanto un beso como un acto de celebración: él ya no tenía que volver al Pacífico, al frente donde había combatido. Me tomó en brazos porque me vio vestida como una enfermera y estaba agradecido a todas las enfermeras. No fue algo romántico, sino una forma de decir: 'Gracias a Dios, la guerra ha terminado'», contaría 60 años después Greta. «Yo había ido con una amiga a un 'show' al Radio City Hall, cuando interrumpieron la función para decir que la guerra había acabado. Salí fuera, estaba exultante, vi a una enfermera y la besé por pura alegría», recordaría Mendoça. Greta Zimmer nunca creyó haber merecido la fama: «Fue algo que ocurrió, no que hice». Y aunque nunca se apagará el fuego de la duda, una publicación en 2012 de una detallada investigación, concluía que Greta y George eran los protagonistas de la imagen.

Pero además de los personajes, el fotógrafo, o mejor dicho, los fotógrafos, también han dado que hablar. El momento fue inmortalizado por Alfred Eisenstaedt, y fue él quien se llevó toda la gloria, pero quizá lo que pocos sepan es que Victor Jorgensen también captó el momento... solo que desde un ángulo diferente. Ambas fotos fueron publicadas en su momento: la foto de Alfred Eisenstaedt por la revista 'Time' y la de Victor Jorgensen apareció en 'The New York Times'. Grandes publicaciones para un enorme acontecimiento.

Sin duda, la fascinación por la imagen de Eisenstaedt se alimenta, también y en gran medida, de los misterios que la rodean. De hecho, ha sido objeto de sesudas investigaciones para saber si la escena había sido forzada por el fotógrafo o no, para descubrir la identidad de los protagonistas e incluso para conocer el momento exacto en el que fue realizada. Y aunque no puso pie a su fotografía, sí comentaría años más tarde cómo la sacó: «En Times Square durante el día de la Victoria, vi a un marinero a lo largo de la calle que agarraba a todas y cada de las chicas que se ponían a su alcance. Tanto como si pudieran ser su abuela, o fueran altas, delgadas o viejas. No hacía distinción. Fui corriendo hacia atrás mirando por encima del hombro con mi Leica pero ninguna de las tomas que hacía me agradaba. De repente, como un destello, vi algo que se me grabó. Me di la vuelta y capturé el momento justo en que el marinero besó a una enfermera. Si ella hubiera llevado un vestido oscuro jamás me habría dado cuenta. Nunca habría disparado la toma, o si el marinero hubiera llevado uniforme blanco, lo mismo. Realicé cuatro tomas. Fue en apenas unos segundos». Unos segundos que durarían eternamente...

Uno de los detalles que provocaron que la foto de Eisenstaedt se convirtiese en un icono frente a la de Victor Jorgensen es el de la composición. La postura de la enfermera, con una pierna ligeramente elevada en el aire, «hace que la imagen tenga un aire más sensual que la de Jorgensen. Además, al estar los protagonistas justo en el centro de la composición la escena tiene mucha más fuerza, pues la ciudad pasa a ser un decorado perfecto», explica el fotógrafo y periodista Ramón Peco.

Ni que decir tiene que, además, la imagen también tiene un alto valor propagandístico. Para los críticos, un beso entre un marinero y una enfermera simbolizaba el triunfo del trabajo en común que tanto se había fomentado en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque, como bien señalan otros, hoy una imagen así probablemente sería tachada de sexista. «De hecho, cuando una escultura de la famosa escena se exhibió en Francia un colectivo feminista pidió que fuese retirada». Entre otras cosas, por la postura de la protagonista femenina frente al marino. Y quizás el instante no fue tan mágico como parece. Para algunos, la pose de la joven da sensación de tensión, se agarra la falda y mantiene el puño cerrado. De todas formas, es bien sabido que el famoso beso no fue el único en la celebración. El reportaje que publicó 'Life' al día siguiente muestra varias imágenes parecidas de otras parejas, que, como señala Paloma Martínes, «quién sabe si también eran desconocidas o no». Lo que sí todos conocemos es que la instantánea se convirtió en el símbolo del fin de la larga guerra; pero también en algo más. En parte de nuestro imaginario.

Una copia positivada a partir del negativo original y firmada por Eisenstaedt se vendió en 2013 por 24.000 euros. Actualmente es distribuida por la agencia de fotografía Getty. Por su parte, la foto de Victor Jorgensen puede ser publicada libremente, ya que el negativo pertenece al Gobierno de Estados Unidos, pues Jorgensen era fotógrafo de la Marina.

Amantes en París

Y aunque no tan emblemática como el de Eisenstaedt, el 'Beso ante el Hôtel de Ville' de Robert Doisneau, tomado en una calle parisina en 1950, es también considerado una de las fotos más románticas y populares jamás tomadas. A pesar de que Doisneau trabajó en París como fotógrafo de la calle y fotografió 'robados' de muchos momentos íntimos de parejas parisinas, este clásico fue escenificado. Sin embargo, este hecho no impidió que la imagen adornara multitud de paredes desde el primer año de su primera producción comercial en 1986 y hasta nuestros días.

La imagen fue tomada para una foto sobre los amantes de París para la revista 'Life', pero la secuencia permaneció en los archivos de la agencia fotográfica de Doisneau (Ralpho, que se benefició mucho de esta imagen única) durante más de 30 años antes de ser comercializada por una empresa de carteles.

El éxito del cuadro provocó controversias cuando, y como en el caso de la foto de Eisenstaedt, varias parejas afirmaron ser las protagonistas de la imagen y demandaron a Doisneau. Fue el caso de Françoise Bornet, una exactriz que demandó al fotógrafo francés por 18.000 dólares y pidió, asimismo, una parte de los derechos de la imagen, alegando que ella era la joven que aparecía en la misma. El caso fue desestimado, pero Doisneau admitió que él, Bornet y su novio Jacques Carteaud organizaron la foto. La pareja, que más tarde se separaría, eran unos jóvenes estudiantes de teatro a quienes nuestro fotógrado se les acercó. Doisneau más tarde comentaría: «Nunca me habría atrevido a fotografiar a esa gente. Amantes besándose en la calle, esas parejas rara vez son legítimas».

Han pasado muchos años y, sin embargo, los besos más famosos de la historia siguen llamando la atención. Que Eisenstaedt pudiera destilar a través de sus sensibilidades el espíritu de un momento histórico en tan solo un instántaneo 'click', así como la ternura, la generosidad, la alegría... revela la pericia del artista detrás de su cámara y explica que estas fotos estén entre los grandes iconos de la fotografía del siglo XX, además de ser una fuente de inspiración artística constante.