La 'alcaldesa' mediterránea

Pintura del siglo XIX que imagina a Cleopatra Selene./
Pintura del siglo XIX que imagina a Cleopatra Selene.

Cleopatra Selene, la única hija de la mítica reina egipcia, tuvo una vinculación honorífica con Carthago Nova. Los hallazgos del templo de Isis, así como una serie de inscripciones y monedas, muestran la relación existente entre la ciudad trimilenaria y el reino de Numidia

NACHO RUIZ

Algunos nombres trascienden al que nominan para adquirir resonancias míticas. Hay nombres que son en sí mismos un relato, la historia o parte de ella. Cartagena tiende a concentrarlos en la Antigüedad, a vincularse con ellos y a recibirlos. Asdrúbal, Aníbal, Escipión, Augusto, Justiniano y tantos otros forman parte de un todo que nace para ser leyenda, para confundirse con ella y permanecer enterrado en la cálida y húmeda tierra del mar de Mandarache. Cartagena tiene una película, cien libros, y mil viajes. Pese a que ya la hayamos visto, leído y visitado, siempre hay que volver a esta ciudad sobre la que descansan 3.000 años que debemos sumar a nuestra edad, siguiendo aquella frase de Goethe: «El que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y solo vive al día».

En 2015 las excavaciones del Molinete ya habían desvelado un tesoro de conocimiento que sorprendía al visitante. El Foro iba apareciendo mientras los arqueólogos, bajo la dirección de José Miguel Noguera, iban comiendo montaña y alumbrando el Foro de la ciudad, que se revelaba regio entre las casas que quedan del antiguo barrio de vida licenciosa. Sin embargo, entre lo que iba surgiendo, a veces restos poco vistosos pero interesantes, otros fulgurantemente bellos, como la cornucopia aparecida en la palestra, que se exhibe en el Museo Arqueólgico Municipal. En el proceso surgieron unos restos que no tardaron en ser identificados: el templo de Isis. El eco de esta divinidad en su nombre no deja indiferente a nadie, al margen del interés que cada uno tenga por la mitología. La madre de Horus está vinculada tanto al Estado como al culto popular en el Antiguo Egipto, pero la relación con el Soberano de las Dos Tierras es tan fuerte que su imagen simbólica se concretó en una personificación del trono que protegía. Esposa de Osiris, responsable de la fertilidad de la tierra, es una suerte de diosa madre incluso del mismísimo faraón y esposa adorada por el pueblo más allá de los cambios en el culto, que se desplazaron con el paso de las dinastías hacia Amón y Ra. Esta diosa mágica giraría hacia una forma sincrética con Hator.

La diosa sanadora fue uno de los pilares de la religión ptolemaica y trascendió a Grecia y Roma como una suerte de embajadora del prestigio del reino de Egipto. Emperadores como Adriano bucearon en estos cultos y fueron devotos seguidores de unos ritos que buscaban la vida después de la muerte, algo que no ha cambiado con el paso de los milenios y que se encuentra en la razón de ser de las religiones, en la relación del hombre con una divinidad dadora y quitadora de vida. En una ciudad tan cosmopolita como fue Carthago Nova, resulta natural que se edificase un templo a la diosa, tal y como existió también en Baelo Claudia, en Cádiz, en Pompeya y en Ostia. Solo estas cuatro ciudades conservan un complejo arquitectónico dedicado a Isis tan completo.

La concesión de honores a Luba II y su esposa Cleopatra Selene figuran en una red de relaciones culturales que tienen en el templo de Isis descubierto en el foro cartagenero un punto de referencia

La religión oriental

La relación del Estado con la religión en la Antigua Roma es pragmática, a diferencia de lo que ocurrirá tras la decadencia, y radicalmente distinta a la que se dará durante el medioevo. No existía una religión oficial 'stricto sensu', ni siquiera cuando Constantino promulgó el Edicto de Milán en el 313 d.C. Ya desde el periodo republicano se da una tolerancia que tiene que ver con estrategias comerciales y con una filosofía inclusiva de la consideración de ciudadanía romana. Existe un panteón, heredado de la religión griega, encabezado por Júpiter, que marca estaciones, cada vez más sincrético. Hablamos de una religión mayoritaria que convive con las llegadas de los extremos del imperio. Así en determinados momentos vemos cómo el culto a Mitra -divinidad de origen persa en cuyos ritos, según la tradición, se habría iniciado el emperador Nerón- es el antecedente en muchos aspectos del Cristianismo y llegará a competir con la tendencia mayoritaria, dejando decenas de pequeños o grandes santuarios bajo el suelo romano. El Cristianismo es considerado en diversos momentos un peligro y se producen persecuciones atroces, como durante los reinados de Nerón (64-68 d.C), Trajano (109-111 d.C) o Domiciano (81-96 d.C) de manera que, una vez fue instaurado como religión oficial comenzó una suerte de vendetta con los paganos tras convertirse en la religión oficial con Teodosio en el 380.

Durante casi un siglo, el Cristianismo dirigió una cruzada en la que los templos fueron demolidos bajo una nominal libertad de culto. Nos queda el relato vivido en 'Juliano el apóstata', de Gore Vidal, cuando en un alto en el camino, el joven césar, Flavio Claudio Juliano, secretamente pagano, entra a orinar en los restos de un antiguo templo pero reza secretamente a sus dioses. Joviano, su sucesor y probablemente responsable de su muerte, reinstauró el cristianismo como religión oficial, situación que duraría en los antiguos territorios del imperio más de un milenio en muchos casos.

La casa real númida

Los cultos orientales se introdujeron en Cartagena ya en el siglo II a.C. fomentados por el comercio que venía de Siria, tan intenso e importante que dio nombre a un viento, el siroco, por provenir del este. Elena Ruiz Valderas describe, en su artículo 'Cleopatra Selene y los cultos de Isis y Serapis en Carthago Nova', el edículo a la diosa siria Atargatis (Dea Syria una vez romanizada) en el cerro del Molinete, y se remite, en el mismo lugar, a los epígrafes relativos a Isis y Serapis. La directora del Teatro Romano traza una somera biografía de Cleopatra Selene, esposa de Iuba II y madre de Ptolomeo. Este vínculo puede parecer tangencial, pero conecta a Carthago Nova con su origen carthaginés.

En este hilo histórico surge Masinisa, otro de los nombres de la épica antigua. Fue el primer rey de Numidia, en la actual Argelia, y se convirtió en el azote de las tropas romanas en Hispania durante el siglo III a.C. como aliado de los carthagineses. Al final de su vida buscó el apoyo romano y desafió el tratado firmado tras la Segunda Guerra Púnica. A sus casi 90 años fue el que llevó a Carthago a la tercera y última guerra púnica, la que acabaría para siempre con el antiguo imperio. El que una vez apoyó a Carthago tuvo un papel discutido en la derrota de Aníbal en la batalla de Zama, en el 202 a.C.

El vínculo entre Carthago Nova y Cesarea, en Mauritania, ya aparece resaltado por Plinio en su Historia Natural, tal y como relata Ruiz Valderas. Ambas ciudades distaban 197.000 pasos, lo cual era vencido con cierta facilidad por barcos que llevaban milenos atravesando el Mediterráneo con navegación de cabotaje, tal y como vimos en estas páginas cuando tratamos la relación entre los íberos y los comerciantes griegos. Ese vínculo llevó a los colonos carthagineses a nombrar patrono de la ciudad al Rex Iuba que aparece en la inscripción de un pedestal del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena. Este nombramiento -que también recibió Marco Agripa- hacia el 2 d.C. evoca la relación entre monarquía númida y colonia romana y traza un vínculo con el pasado glorioso de la antigua colina carthaginesa. Pensamos en la alianza entre el Iuba I y Pompeyo en su guerra contra Julio César, instaurador de la colonia cuando vistió la ciudad, según Nicolás de Damasco. En otro arranque literario de la historia, tras vencer a Pompeyo y Iuba, César mostró al hijo en el triunfo celebrado a su regreso en Roma. En el 29-27 a.C., tras ser educado por Octavia, hermana de Augusto, se le repuso en el trono de su padre y, dos años después, se casó con Cleopatra Selene. La unión dinástica de dos de las grandes coronas del Mediterráneo tiene entonces una estación en Cartagena a través del culto que ambos profesaban.

Dinastía helénica

Como su celebérrima madre, Cleopatra Selene era descendiente de los Ptolomeos, dinastía helénica cuyo iniciador fue general de Alejandro Magno. Su amor por la cultura deriva de su formación bajo el mando de Octavia, y lo traspasó a Iol (actual Cherchel, Argelia). Dentro de ese programa cultural era necesaria la vinculación con las raíces del prestigio egipcio que representaba, de ahí que tomase a Isis como referencia y adoptase los usos y modas antiguos de los faraones. El influjo de esta tendencia en Carthago Nova es cultural, claramente, pero hunde sus fundamentos en la ancestral relación comercial entre ambos territorios, lo que lleva a los colonos a mostrarse proclives a lo que también fue una moda. Registra Ruiz Valderas en el citado artículo las emisiones monetales de Iuba en el anverso Cleopatra Selene y en el reverso, leyendas en griego. El sincretismo cultural del cosmopolita puerto del Mediterráneo es una estación, un capítulo en el relato de grandeza de la ciudad. Cleopatra muere hacia el 5 d.C. y Iuba II hacia el 23. Su hijo, Ptolomeo fue nombrado magistrado honorífico de Carthago Nova tal y como testimonian las monedas del periodo en la que aparecen veladas referencias al culto a Isis. Sería asesinado por Calígula en el año 40 por recordarle a la Cleopatra original. Albert Camus no lo hubiera podido imaginar más retorcido.

El descubrimiento

El 15 de noviembre de 2017, la prensa se hacía eco del gran descubrimiento gestado ya en 2015 con el comienzo de la fase de excavaciones. José Miguel Noguera, director de los trabajos en lo que se ha venido a llamar Barrio del Foro Romano, confirmaba la hipótesis de la existencia de un área sacra. Cartagena se viene configurando en los últimos años como el gran descubrimiento constante. El trabajo de Noguera junto a María José Madrid y un equipo de arqueólogos, con financiación de la Fundación Repsol y Puerto de Culturas, está dando unos frutos abundantes y jugosos. Una vez descubierto el complejo, en la segunda manzana del barrio apareció un pórtico con una decena de columnas además de la plataforma sobre la que se situaba la diosa Isis y parte de las escalinatas. Posteriormente iban saliendo a la luz tres capillas más que se han ido trabajando progresivamente junto a la pierna izquierda de la diosa y otros elementos.

En verano se excavaban los niveles tardoromanos y se limpiaba el entorno original del templo incluyendo las grandes cisternas del subsuelo, dedicadas a rituales. Tal y como afirmaba Noguera, esta excavación plantea un antes y un después en la ciudad. La Diócesis Carthaginense fue la mayor de las hispanas bajo, sucedida como cabeza territorial por la Tarraconensis, y cada día vamos valorando más la sofisticación de una urbe abierta al comercio y los intercambios culturales con los que se vincularon grandes personajes a través de la religión, como el caso de Cleopatra Selene mediante la diosa Isis.

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